domingo, 4 de junio de 2017

Presentación.

Estar sola y sentirse sola no es lo mismo es más, no se parece.
Estar sola es un hecho, es no rodearte de nadie, ni de familia, ni de amigos, ni de conocidos, ni de nadie. Es andar sin rumbo, sin acompañante.
Sentirse sola, por otra parte, es un sentimiento. Ya puedes estar rodeada de gente todo el día que si no sientes su apoyo, su calor o su reconocimiento será como si esas personas no estuvieran ahí, como si no existieran.
En mi caso es un poco de ambas cosas; cuando hay gente a mi alrededor, suele ser mi familia, no siento gran afecto por mi, siento que soy esa hija que nunca quisieron tener pero que sigue aquí por obligación porque, en su día, si mi madre abortaba ambas familias les darían de lado y si me abandonan ahora correrían el riesgo de pagar una multa con el dinero que no tienen, o que me hacen creer a mi que no tienen.
Luego está el otro caso, cuando estoy sola en casa, cuando estoy, literalmente, sola, en este caso es imposible que me sienta apoyada o valorada, ¿quién me va a apoyar? ¿el mono del cuarto de mi hermana o el cuadro de arena que hay colgado encima de la puerta del salón?
En ambos casos me apoyo yo misma, creo que es suficiente.
Mi vida nunca se ha definido como "fácil".
Empecé siendo la hija no querida; a los cinco años me convertí en la hermana mayor de la hija deseada; a los siete y hasta que cumplí los trece fui la niña caprichosa que quería bailar en el agua; desde los trece años estoy siendo la niña que se encierra en casa por miedo a lo que piensen los demás de mi, en general, sin saltarnos ningún rasgo ni faceta.
Hoy quiero empezar una nueva etapa.
Hoy quiero empezar a ser como siempre quise ser.
Hoy quiero empezar presentándome.
Mi nombre es María, María Cancelo, es un placer poder conocerte, espero que, desde hoy, me hagas sentir menos sola.

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